lunes, 9 de mayo de 2011

DE LOS 3 A LOS 12 MESES-4, ES HORA DE DORMIR


El comer y el dormir son dos temas donde los pequeños suelen mandar y cuesta mucho ponerlos en su sitio.
Lo primero que habríamos de hacer es o bien tenerlos de entrada en su habitación o no pasar de los 3 meses en cambiarlos.
Existen aparatitos accesibles a los bolsillos que no solo nos mantienen a la escucha sinó que podemos ver lo que ocurre en su cuarto. Luego, reconozcamos que si los tenemos en el nustro es más por comodidad que por otra cosa.
Cuanto más tiempo los tengamos en nuestra habitación, más complicado será que después se acostumbren fácilmente a la suya.

Supongamos que bien de entrada o al cabo de poco tiempo nuestro bebé o bien no quiere dormir o bien se despierta y arranca llora que te llora a grito tendido.
Ya comentamos que hemos de afinar nuestro oído y dejarnos llevar por nuestros recuerdos ancestrales. Sobretodo las madres ya que parece ser que tienen un factor genético en este sentido.

Ya comentamos que hay que aprender cuando el lloro es de dolor. Las primeras veces aplicaremos el protocolo indicado en la anterior entrada.
Bien, el bebé llora porqué no quiere estar solo (no tiene sueño) o se despierta y quiere compañía. Suele ser un lloro constante, berreo casi (o sín casi), fuerte y claro, suena como a grito, lágrimas a montones, mocos...

Acudimos a su habitación, le damos la pipa (si usa) o le calmamos un poco o le dormimos. Lo dejamos en la camita y al rato, vuelta a empezar. Aquí es donde cometeremos el primer error. Si no le pasa nada, no le pasa nada. El lloro que sientes en tu interior te pone las pilas a cien y deseas ir. Si acabas yendo, acabarás durmiendo con él o llevándotelo a tu cama. Piensa que esta respuesta se graba a fuego en su coelcción de conductas. Cada vez que cedas añades más complicación para destetarlo del dormir.

Hay que dejarlo llorar. Una vez sabemos que no hay causa física, hay que dejarlo llorar. Los que usan pipa, a veces cuando la pierden lloran pero el volvérsela a poner los duerme, no hay que hacer nada más. Hay que dejarlo llorar. Te atas a una silla, si cabe.

Otros métodos llevan al mismo final pero tienen más en cuenta el sufrimiento de los padres y se basan en la desensibilización sistemática. ELlo significa que lo hacen por etapas: aguantar cada vez 5 o 10 minutos más; o si son bebés que los hemos acostumbrado a dormir con la luz encendida pero siguen llorando, pues aconsejan apagar la luz central y que se vaya acostumbrando a una luz de mesilla, luego a una luz del pasillo, luego a una luz piloto. Yo soy partidario que si queremos dejarles una luz piloto lo hagamos de entrada y aguantemos el tirón. Hay que aprovechar ahora que aún no saben andar ya que luego será más difícil ya que bajará de la cama y vendrá abuscarnos.

La extinción de la conducta en estos casos, siempre da resultado.

La ecuación es simple: el niño se siente solo (ello es un estímulo negativo para él), emite una respuesta que es el llanto y recibe o no un refuerzo sobre la conducta. Ello hace que cada vez que se sienta solo emita la conducta de manera que al cabo de pocas repeticiones el niño siempre se siente solo y a la mínima ejecuta la conducta. Ello va mal para que el bebé pueda ir aprendiendo el concepto de tolerancia a la frustración y ello puede repercutir muy mucho su posterior madurez.
Para el adulto, el estímulo negativo es el lloro de su bebé, la respuesta errónea es el ir a consolarlo y el refuerzo lo constituye que el bebé se duerma (el cese del estímulo). Los estímulos negativos son muy potentes, más que los positivos y siempre la respuesta va orientada a un refuerzo positivo (placer o ausencia de displacer).

Pero hemos de pensar que la vida se basa en estímulos negativos y que la madurez se afronta con la capacidad de resistirlos o buscar alternativas por uno mismo que no pongan en riesgo nuestra vida, ni que esclavicen a los demás. Sin capacidad de soportar las frustraciones no existe la madurez, ni la autonomia. Recordádlo y ello se aplica en todos los campos del desarrollo humano hasta las puertas de la adolescencia.

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